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EL LUGAR CON MÁS LITIO ESTÁ ARRUINANDO LA REVOLUCIÓN DE LOS AUTOS ELÉCTRICOS

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Un trozo de Sudamérica del tamaño de California está ahogando la producción del metal en un momento en que los fabricantes de baterías lo necesitan desesperadamente.


Aclamado como la Arabia Saudita del litio, este pedazo de terreno del tamaño de California representa alrededor del 55% de los depósitos conocidos del mundo del metal, un componente clave en las baterías de los autos eléctricos.

Como aprendió recientemente el gigante chino de los autos eléctricos BYD Co., aprovechar ese recurso puede ser un reto. A principios de este año, después de que la empresa obtuviera un contrato gubernamental para la extracción de litio, los habitantes de la zona salieron a la calle para exigir la anulación de la licitación por su impacto en el suministro de agua local. En junio, la Corte Suprema de Chile anuló la adjudicación, alegando que el gobierno no había consultado primero a los indígenas.

“Quieren producir más y más litio, pero nosotros somos los que pagamos el precio”, explicó Lady Sandón, presidenta de uno de los dos pueblos indígenas atacameños que presentaron una demanda contra la subasta. Una representante de BYD no hizo comentarios al respecto.

En el llamado Triángulo del Litio, que abarca partes de Chile, Bolivia y Argentina, se están produciendo retrocesos similares. La producción se ha visto afectada por los gobiernos de izquierda que buscan un mayor control del mineral y una mayor participación en los beneficios, así como por las preocupaciones medioambientales y el mayor activismo de las comunidades andinas locales, que temen ser dejadas de lado mientras los extranjeros se enriquecen.

En un momento de explosión de la demanda que ha hecho subir los precios del litio un 750% desde principios de 2021, los analistas del sector temen que Sudamérica pueda convertirse en un importante estancamiento para el crecimiento de los vehículos eléctricos.

“Hoy, todos los principales fabricantes de automóviles están completamente interesados en vehículos eléctricos”, dijo Brian Jaskula, un experto en litio en el Servicio Geológico de Estados Unidos. “Pero el litio puede no ser suficiente”, agregó.

En Bolivia, el gobierno nacionalizó su industria del litio hace años y aún no ha producido cantidades significativas del metal. México, un actor menor, también nacionalizó recientemente el litio. En Argentina, la producción está empezando a despegar.

En Chile, donde el litio ya está fuertemente controlado, el nuevo gobierno de izquierda del Presidente Gabriel Boric planea crear una empresa estatal de litio tras criticar las privatizaciones de materias primas realizadas en el pasado como un error. Una nueva constitución, si se aprueba en un plebiscito de salida en septiembre, reforzaría las normas medioambientales y los derechos de los indígenas sobre la minería.

“Se trata de un recurso estratégico para la transición energética”, aseguró la Ministra de Minería de Chile, Marcela Hernando. Recientemente, Hernando declaró ante el Congreso que, aunque el Gobierno no dispone de los conocimientos técnicos necesarios para extraer litio por sí mismo, insistirá en el control mayoritario de cualquier empresa conjunta con aquellas privadas.

Hace unos años, Chile era el mayor productor de litio del mundo, con una producción ligeramente superior a la de Australia. Mientras que el país latinoamericano ha ampliado la producción en sus operaciones existentes en un 80% desde 2016 a unas 140.000 toneladas anuales, no ha abierto una nueva mina en unos 30 años. Ahora produce aproximadamente la mitad que Australia, que ha cuadruplicado su producción en los últimos cinco años, según el USGS.

A diferencia del petróleo, que se produce en todo el mundo, el litio es menos común. América del Sur, Australia y China son los lugares clave. Fuera de Sudamérica, se extrae de la roca dura. En la región, el litio se encuentra en aguas subterráneas saladas que se evaporan con el sol tras ser bombeadas a grandes estanques artificiales. El litio de Sudamérica es menos costoso de producir, pero los mineros dicen que el inconveniente es que se tarda mucho más en construir una mina: unos ocho años.

A su vez, las autoridades chilenas y los ecologistas se preocupan por el impacto en el suministro de agua. Willy Kracht, subsecretario de minería de Chile, comentó recientemente que se necesitan hasta 2.800 metros cúbicos de agua para producir una tonelada de litio en Chile, frente a los 70 metros cúbicos de una tonelada de cobre.

Los ecologistas creen que la minería ha provocado que algunas lagunas cercanas se sequen, perjudicando a la población de flamencos salvajes que dependen de ellas para alimentarse de camarones y construir sus nidos. “El daño es irreversible”, afirma Cristina Dorador, bióloga que formó parte de la asamblea especial que redactó el borrador de la nueva Constitución de Chile.

Los mineros del litio niegan que sus operaciones hayan afectado a las lagunas, las cuales supervisan junto con las comunidades locales.

En 2017, Tim Fernback se mostró optimista sobre su proyecto de litio en Chile, un líder del libre mercado en la región que normalmente ha dado la bienvenida a los mineros extranjeros que extraen cobre y otros metales. Su empresa con sede en Vancouver, LiCo Energy Metals, adquirió una propiedad en el Salar de Atacama, un vasto salar rodeado de volcanes nevados.

Fernback, que fue director de operaciones de LiCo, dijo que se reunió con la población local para explicar los planes de la empresa y ofreció construir una planta para suministrar agua potable. Pensó que las reuniones habían ido bien. Cuando llegó el momento de perforar la superficie cubierta de sal, los residentes bloquearon las carreteras en señal de protesta, alegando problemas medioambientales. Creyendo que el proyecto era inútil, LiCo abandonó Chile en 2019.

“Se sentía como una puñalada por la espalda”, aseguró Fernback. “Entramos allí, nos gastamos un montón de dinero en la propiedad, de la que tuvimos que salir. ¿Quién más va a querer hacer eso?”.

Chile perdió su liderazgo mundial en litio en parte porque el Estado ha mantenido un estricto control desde la década de 1970, cuando la dictadura militar del general Augusto Pinochet lo declaró recurso estratégico por ser un componente de las bombas nucleares.

Las dos mineras de litio que operan aquí alquilan sus tierras a un organismo estatal, que limita la cantidad que pueden producir. La exportación también requiere un permiso especial de la agencia nuclear del gobierno.

Para ampliar su producción, la empresa estadounidense Albemarle Corp. firmó en 2016 un nuevo contrato que le obliga a pagar cánones de hasta el 40%, un nivel máximo en el sector. Con la esperanza de añadir valor a nivel nacional en lugar de limitarse a exportar la materia prima, el gobierno exigió a Albemarle que proporcionara hasta el 25% de su producción de litio a un bajo precio de mercado a las empresas que lo procesan localmente. La empresa también entrega parte de sus ventas a las comunidades indígenas.

“Si la regulación del litio en Chile fuera como la del cobre, puedo asegurar que habría muchas más minas”, señaló el country manager de Albemarle en Chile, Ignacio Mehech. “Tenemos que ser capaces de producir el litio que el mundo necesita”, agregó.

El entorno operativo para los mineros del litio se va a complicar aún más con el ascenso de un nuevo grupo de líderes de izquierdas en América Latina, una región cuya historia está marcada por las batallas sobre el papel del Estado en el desarrollo de sus riquezas naturales.

Con las economías golpeadas por la pandemia y la gente lidiando con una inflación galopante, las autoridades de algunos países latinoamericanos afirman que un control estatal sólido sobre el litio ayudará a impulsar el desarrollo local y a llenar las arcas públicas.

Sin embargo, es una apuesta que corre el riesgo de estropear la producción de litio si las exigencias del gobierno hacen que sea demasiado costoso y difícil para los inversores extranjeros con la experiencia y el capital para construir minas, dicen los analistas de la industria. Las empresas públicas, por su parte, corren el riesgo de gestionar mal el recurso en una región donde las compañías estatales llevan mucho tiempo inmersas en la corrupción y el nepotismo.

“Latinoamérica es especialista en matar gansos de oro y una de las formas más rápidas de hacerlo es a través del nacionalismo de los recursos”, declaró Benjamin Gedan, un experto en Woodrow Wilson Center de América Latina, con sede en Washington, que sigue de cerca la industria del litio de la región. “Este boom podría convertirse muy rápidamente en una quiebra si se presentan malas políticas”, explicó.

Gedan califica a Bolivia como el último ejemplo de precaución. El país vecino a Chile, una de las naciones más pobres del mundo, nacionalizó el litio en 2008 bajo el mandato del ex presidente Evo Morales, que prometió convertir el país en una potencia minera que fabricara baterías y autos eléctricos. El gobierno creó una empresa estatal de litio, Yacimiento de Litio Bolivianos, o YLB. Bolivia gastó unos US$ 900 millones en una fábrica y otras infraestructuras para extraer litio del ventoso salar de Uyuni, en Potosí, el estado más pobre de Bolivia y donde el imperio español saqueó la plata.

Años después de la inauguración de la fábrica en 2013, la producción es prácticamente inexistente. En 2021, Bolivia produjo apenas 540 toneladas de carbonato de litio, según YLB, o lo que produce Chile en un día y medio.

Juan Carlos Zuleta, un economista que dirigió brevemente YLB en 2020, dijo que debido a la falta de conocimientos y tecnología, la empresa sólo pudo recuperar alrededor del 9% del litio que extrajo de las salmueras, lo que la hace comercialmente inviable. Las dos grandes minas de litio existentes en Chile tienen una tasa de recuperación de alrededor del 50% o más.

“El gobierno ha pasado casi 14 años tratando de desarrollar el litio en el país y ha fracasado”, comentó Zuleta. “Estoy seguro de que estamos perdiendo una oportunidad de oro”.

En Río Grande, un pueblo al borde del salar, los residentes esperaban que el litio trajera empleo y modernidad. Pero las carreteras del pueblo siguen sin asfaltar. El hospital más cercano está a una hora y media de distancia. No hay policía, bancos ni Wi-Fi. Los jóvenes, incapaces de encontrar trabajo, emigran a Chile.

Donny Ali, oriundo de Río Grande, construyó el Hotel Lithium, previendo la afluencia de gente de negocios. Hoy, las ocho habitaciones del hotel están vacías. “Este lugar sigue olvidado”, dijo Ali.

Al igual que otros habitantes de Potosí, Alí desconfiaba de los extranjeros que querían explotar el litio de Bolivia, ya que creía que la población local no se beneficiaría. Ahora, cree que las empresas extranjeras son necesarias.

“La política de nacionalización no nos ha llevado por un buen camino”, afirmó Ali. “Han utilizado los recursos del Estado, pero no hay nada que mostrar”.

El Ministerio de Energía de Bolivia y YLB no hicieron comentarios al respecto.

El punto más brillante para la producción de litio en Sudamérica ha sido Argentina, que hasta ahora se ha mostrado más abierta a la inversión privada, una fuente de ingresos muy necesaria para el gobierno con problemas de liquidez. Las autoridades ofrecen a las empresas acuerdos de estabilidad fiscal y han suavizado algunos controles monetarios que asfixian a otros sectores, según las propias compañías que operan allí.

En consecuencia, el país ha recibido una fuerte llegada de inversores, como la minera anglo-australiana Rio Tinto PLC, el fabricante chino de baterías Ganfeng Lithium Co. y la multinacional francesa Eramet SA. Los gigantes mundiales del automóvil también apuestan cada vez más por Argentina, y Toyota tiene una participación en una mina local. Ford y BMW tienen acuerdos para recibir litio argentino.

Argentina podría tener 19 minas de litio en 2031, frente a las dos actuales, según Lukasz Bednarski, analista de litio de IHS Markit, una consultora con sede en Londres. La producción anual podría alcanzar las 230.000 toneladas a finales de la década, lo que supone multiplicar por seis la actual, según el Gobierno.

“Estamos viendo un boom de inversiones mineras y eso va a continuar”, advirtió Matías Kulfas, que fue ministro de Producción hasta junio.

Sin embargo, algunos observadores señalan el fracaso de Argentina a la hora de desarrollar otros recursos prometedores, incluido un enorme yacimiento de gas de esquisto en el extremo sur del país que suscitó un entusiasmo similar hace una década. El peronismo gobernante en el país tiene un historial de intervención en sectores económicos clave y de incumplimiento de acuerdos. Y algunos legisladores ya piden un mayor papel del Estado en el litio.

El país, que está lidiando con la escasez de combustible, está muy atrasado en la construcción de la infraestructura energética necesaria para alimentar sus nuevos proyectos de litio, explicó Emily Hersh, directora ejecutiva de Luna Lithium, una empresa de exploración.

Hersh, quien además es economista, señaló que la prolongada volatilidad económica del país también perjudicará el desarrollo del litio. “Espero que cualquiera que opere en Argentina haya calculado adecuadamente y se haya preparado para una catástrofe económica en cualquier momento”, advirtió.


Fuente/Pulso/Tercera
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COCHILCO ELEVA EL PRECIO PROMEDIO DEL COBRE A US$ 5,55 LA LIBRA PARA EL AÑO 2026

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En tanto que, para 2027 también prevé un alza en la cotización del metal, el cual promediaría US$ US$ 5,10 por libra.

La Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) entregó este martes las nuevas proyecciones de precio, demanda y oferta del metal para los años 2026 y 2027, contenidas en el Informe de Tendencias del Mercado del Cobre, correspondiente al primer trimestre de este año.

El biministro de Economía y Minería, Daniel Mas, señaló que “Cochilco elevó el precio promedio del cobre para 2026 a US$5,55 la libra; y a US$5,10 la libra para 2027, niveles históricamente altos que reflejan una demanda mundial sólida y un mercado con estrechez de oferta, en línea con los factores que explican los recientes niveles récord alcanzados por el precio del metal. Esta es una clara señal de que el mercado global continúa con una oferta inestable y episodios recurrentes de estrechez de suministro para la transición hacia energías renovables, la electromovilidad y el desarrollo de nuevas tecnologías e inteligencia artificial, que seguirán impulsando una mayor necesidad de cobre en el mundo”.

Agregó que “esta es una buena noticia para Chile porque un escenario de precios altos fortalece los ingresos fiscales y reafirma el rol estratégico de Chile como principal productor mundial de cobre. Al mismo tiempo, este contexto nos desafía a seguir avanzando en productividad, continuidad operacional y desarrollo de nuevos proyectos para mantener el liderazgo de nuestra minería”.

Respecto a la demanda, la vicepresidenta ejecutiva (s) de Cochilco, Claudia Rodríguez, señaló que China seguiría siendo el principal soporte del consumo global de cobre, aunque con menor dinamismo por la debilidad inmobiliaria y una recuperación industrial más gradual. Agregó que India mantendrá una expansión relevante, Estados Unidos aportaría por infraestructura eléctrica, centros de datos y manufactura crítica, mientras Europa y Japón mostrarían una recuperación más moderada.

En este contexto, sostuvo que para el año 2026 el consumo mundial del cobre refinado crecería 1,5%; y 2,3% en 2027, alcanzando 28,2 y 28,8 millones de toneladas, respectivamente.

Oferta de cobre

Desde la perspectiva de la oferta, el informe de Cochilco señala que se prevé que la producción mundial de cobre mina llegue a 23,3 millones de toneladas en 2026, lo que representa un alza de 0,5%; mientras que en 2027 la producción alcanzaría a 24,39 millones de toneladas con una expansión de 4,7%. Este mayor dinamismo estaría impulsado principalmente por un grupo reducido de países, entre ellos República Democrática del Congo, Zambia, Mongolia, Canadá y Estados Unidos.

No obstante, el informe advierte que las proyecciones continúan sujetas a importantes factores de riesgo, asociados a la puesta en marcha efectiva de proyectos mineros, a la continuidad operacional de las faenas, la disponibilidad de insumos críticos, así como a las condiciones regulatorias y logísticas de cada jurisdicción.

En este contexto, el mercado mundial de cobre refinado continuaría mostrando un escenario de estrechez. Luego de registrar un déficit estimado de 124 mil toneladas en 2025, se proyecta un leve superávit de 12 mil toneladas en 2026 y uno moderado de 153 mil toneladas en 2027.

Chile

Por su parte, Chile conservará su posición como principal productor mundial de cobre, con una participación cercana al 22% de la producción global. No obstante, se prevé una disminución de 2,0% en la producción nacional durante 2026, hasta alcanzar 5,3 millones de toneladas, seguida de una recuperación de 4,0% en 2027, con una producción estimada de 5,5 millones de toneladas.

“La caída proyectada para 2026 responde principalmente a menores leyes minerales, mantenciones programadas, restricciones operacionales y a un débil desempeño registrado al inicio del año”, explica el Informe.

 


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CÓMO PRODUCIR UN MILLÓN DE TONELADAS DE COBRE FINO AL AÑO EN CHILE

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Por: Manuel Viera / Presiente de la Cámara Minera De Chile / Ceo de Metaproject group

Alcanzar esa cifra desde una sola compañía o un nuevo polo productivo —equivalente a cerca del 18% de la producción nacional de 2025— exige una combinación de proyectos estructurales, energía limpia, agua desalada, capital humano calificado y una agenda regulatoria que reduzca los plazos de tramitación. Un análisis de los caminos posibles, los costos y los obstáculos.

La pregunta parece sencilla, pero contiene la totalidad del debate minero chileno de la próxima década: ¿Cómo se produce hoy un millón de toneladas anuales de cobre fino en Chile? La respuesta nunca es solo geológica.

Para dimensionar el desafío conviene partir por las cifras oficiales. Según los datos de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), la producción nacional cerró 2025 en 5.415.271 toneladas de cobre fino, lo que representó una caída de 1,6% respecto a 2024. Codelco —en sus siete divisiones propias— totalizó 1.334.389 toneladas, mientras que Minera Escondida, de BHP, alcanzó 1.345.132 toneladas, superando por primera vez a la estatal en su nivel corporativa.

Producir un millón de toneladas anuales como meta autónoma —ya sea como nuevo polo productivo, como aporte incremental a una compañía existente, o como objetivo de una mediana minería expandida— implica replicar prácticamente la escala de la mayor mina del mundo. Es, en términos prácticos, construir casi una segunda Escondida.

LA ECUACIÓN GEOLÓGICA: DÓNDE ESTÁN LAS TONELADAS

Chile concentra cerca del 24% de la producción mundial de cobre (ha ido cayendo progresivamente) y posee las mayores reservas conocidas del planeta. Sin embargo, la ley promedio del mineral —el porcentaje de cobre contenido en la roca— ha caído de manera sostenida durante las últimas dos décadas, desde valores cercanos al 1% en yacimientos emblemáticos a un rango actual de 0,5% a 0,7% en la mayoría de las grandes operaciones. Eso significa que producir más cobre fino exige mover más roca, gastar más energía y consumir más agua por cada tonelada obtenida.

Si ponemos como meta alcanzar un millón de toneladas anuales, las cifras gruesas son elocuentes: a una ley media de 0,6%, se requiere procesar cerca de 170 millones de toneladas de mineral al año, lo que equivale a una concentradora de aproximadamente 460 mil toneladas por día. Solo Escondida, Collahuasi y Chuquicamata operan en ese rango.

Existen tres rutas para llegar al objetivo. La primera es la expansión de yacimientos existentes mediante nuevas concentradoras o proyectos de continuidad operacional —el camino que hoy domina la cartera de inversión nacional—. La segunda es la entrada en operación de proyectos greenfield, que en Chile son escasos y enfrentan plazos de permisos de hasta una década. La tercera, menos comentada, es la incorporación de minería subterránea masiva mediante block caving, técnica que permite extraer recursos profundos a costos competitivos, como hacen El Teniente, Chuquicamata Subterránea y, próximamente, Andina Traspaso. Pero lo más grave la falta de nuevos yacimientos que agreguen mayor producción de cobre fino.

LA CIFRA COMO RETO

1.000.000 de toneladas de cobre fino al año

Equivale a cerca del 18,5% de la producción chilena de 2025 (5,41 millones de toneladas) y aproximadamente al 4,5% de la producción mundial. Para alcanzarla con una ley media de 0,6% se requeriría procesar unas 170 millones de toneladas de mineral al año.

EL CAPITAL: LA INVERSIÓN QUE EL MILLÓN DE TONELADAS EXIGE

La cartera de inversión minera 2025-2034 publicada por Cochilco totaliza 104.549 millones de dólares, el mayor monto en más de una década. De ese total, el 89,8% corresponde a proyectos de cobre y el 81% son iniciativas brownfield —es decir, expansiones o reemplazo de reservas consumidas, o reposiciones de minas en operación—. ¿Los grandes proyectos greenfield, capaces por sí solos de aportar cientos de miles de toneladas adicionales, son escasos, entonces cuál es la estrategia?

Para un nuevo polo productivo de un millón de toneladas, las referencias internacionales recientes sitúan la inversión inicial en torno a los 12.000 a 18.000 millones de dólares. Quellaveco, en Perú, requirió cerca de 5.500 millones para una capacidad de 300.000 toneladas. Quebrada Blanca Fase 2, de Teck, demandó más de 8.500 millones para una producción cercana a 285.000 toneladas anuales. Escalar a un millón implica multiplicar esa magnitud, asumiendo además que el yacimiento exista y que la fase de exploración esté resuelta, lo que normalmente toma entre siete y doce años o más.

LA ESTRUCTURA DEL CAPEX

La distribución típica del capital en un proyecto de esta envergadura asigna aproximadamente un 35% a la concentradora, 20% al rajo o mina subterránea, 15% a la infraestructura eléctrica e hídrica —incluyendo la planta desalinizadora y el acueducto—, 10% al puerto y manejo de concentrados, 8% a relaves y obras ambientales, y el restante 12% a contingencias, ingeniería y puesta en marcha.

El financiamiento de un proyecto de esa escala requiere consorcios, PFM Project Finance Multimoneda y, en muchos casos, asociaciones público-privadas como las que Codelco ha cerrado con Anglo American para el distrito Andina-Los Bronces, que liberará 2,7 millones de toneladas adicionales en 21 años, con cerca de 120 mil toneladas anuales en régimen.

LOS CUATRO INSUMOS CRÍTICOS: ENERGÍA, AGUA, PERMISOS Y PERSONAS

  1. Energía limpia y firme

Una operación de un millón de toneladas demanda entre 4.500 y 6.000 GWh anuales, dependiendo de la dureza del mineral y de la altura de la faena. La presión global por descarbonizar el cobre es ya un requisito comercial: los grandes compradores europeos y estadounidenses exigen huellas de carbono auditadas. Chile cuenta con una ventaja estructural —su matriz solar y eólica del norte— pero requiere resolver el problema de la firmeza, esto es, asegurar suministro las 24 horas. Los contratos PPA con almacenamiento en baterías y los proyectos de hidrógeno verde para el transporte minero son los caminos en construcción, y es la ruta correcta.

  1. Agua desalada

La industria minera chilena ha desplazado de manera acelerada el consumo de agua continental hacia el agua de mar desalada o de uso directo. Para una faena de un millón de toneladas se necesitan del orden de 1.500 a 2.000 litros por segundo de agua desalada, lo que implica una planta de gran escala —comparable a la planta Aguas Horizonte que Codelco construye en Tocopilla—, más un acueducto de impulsión que puede superar los 200 kilómetros y los 3.000 metros de elevación. Solo esta infraestructura supera con frecuencia los 2.000 millones de dólares.

  1. Permisología y comunidades

El cuello de botella de la última década no ha sido el capital ni la tecnología, sino los plazos de tramitación. Un proyecto de gran minería puede demorar entre 8 y 12 años desde el descubrimiento hasta la primera tonelada producida, con la mayor parte de ese tiempo concentrada en evaluación ambiental, consulta indígena y permisos sectoriales. La agenda de modernización regulatoria que el Gobierno y la industria han empujado apunta a reducir esos plazos en torno al 30%, lo que sigue siendo el factor más sensible para que la cartera proyectada se materialice. Desburocratizar las instituciones del Estado es clave

  1. Capital humano

Una operación de un millón de toneladas emplea de manera directa entre 4.000 y 6.000 trabajadores, y genera tres a cuatro veces ese número en empleo indirecto. La brecha de operadores especializados, mantenedores eléctricos, geólogos y profesionales de procesos es uno de los riesgos menos visibles del crecimiento. Las inversiones de Codelco involucran 45 millones de horas-hombre al año, una magnitud comparable a la construcción simultánea de tres líneas de Metro de Santiago.

ESTRATEGIA: TRES CAMINOS PARA LLEGAR AL MILLÓN DE TONELADAS

Camino A: la ruta brownfield

Es la opción más rápida y la que concentra la cartera actual. Sumar capacidad incremental en yacimientos en operación —Collahuasi 4ª línea, Nueva Concentradora Los Colorados de Escondida, El Teniente Nuevo Nivel Mina, Chuquicamata Subterránea, Rajo Inca, Andina Traspaso— permitiría aportar entre 600 mil y 900 mil toneladas adicionales hacia 2030. La ventaja: infraestructura existente, permisos parciales y curvas de aprendizaje resueltas. El riesgo: leyes en descenso y agotamiento de reservas conocidas, y mejorar la gobernanza de proyectos.

Camino B: la ruta greenfield

Implica desarrollar nuevos yacimientos. La cartera incluye iniciativas como Salares Norte (Gold Fields, ya en operación para oro), El Espino, Vizcachitas, Marimaca y la posible reapertura de Cerro Colorado. Ninguno por sí solo alcanza el millón de toneladas, pero su sumatoria, en un escenario favorable de permisos, podría aportar 300 a 400 mil toneladas en la próxima década.

Camino C: el block caving masivo

La minería subterránea de panel caving permite extraer cuerpos profundos —reservas más allá de los 1.000 metros— a costos por tonelada cercanos a los del rajo abierto. Es la apuesta estructural de Codelco para sostener su producción y la única vía técnicamente viable en yacimientos como Andina y El Teniente, que ya no admiten expansión a cielo abierto por restricciones físicas y ambientales. Sulfuros en profundidad de Andina debe estudiarse con claridad, y pensar en grande.

EL PRECIO DEL CU: VIENTO DE COLA, PERO NO PARA SIEMPRE

El cobre ha alcanzado niveles históricos. A comienzos de 2026, el metal rojo tocó los 13.000 dólares por tonelada en la Bolsa de Metales de Londres, su mayor precio en la historia, impulsado por la transición energética, la electrificación del transporte y la expansión de centros de datos para inteligencia artificial. Cochilco elevó su proyección de precio promedio para 2026 a 4,95 dólares la libra, y para 2027 estimó 5,00 dólares la libra. La Cámara Minera de Chile considera un precio para el 2026 en 5,01 U$/lb.

Ese contexto convierte cualquier proyecto razonablemente diseñado en económicamente atractivo. Sin embargo, la ex ministra de Minería, Aurora Williams, ha advertido que los niveles récord recientes no deben asumirse como un equilibrio permanente, y que el mercado sigue expuesto a variaciones relevantes ante perturbaciones acotadas. Los proyectos que se decidan hoy comenzarán a producir entre 2032 y 2035, en un escenario de precios cuya certeza es menor.

CONCLUSIÓN: UNA META POSIBLE, NO AUTOMÁTICA

Producir un millón de toneladas de cobre fino al año en Chile —ya sea como nuevo polo o como expansión consolidada de un actor existente, o como sumatoria de varios proyectos — es técnica y financieramente factible. La geología existe, el capital está disponible y los precios acompañan. Pero la materialización exige resolver simultáneamente cuatro frentes: la modernización del sistema de permisos, el actual ministro de Minería Daniel Mas está en ese desafío y es correcto, el suministro firme de energía descarbonizada, la infraestructura de agua desalada y la formación acelerada de capital humano.

La cartera 2025-2034 da los recursos. La pregunta es si Chile tendrá la capacidad institucional, política y técnica de ejecutarla en el plazo que la transición energética global y los compradores internacionales efectivamente exigen. La meta del millón de toneladas no es un titular: es un termómetro de la competitividad minera del país durante la próxima década.

 


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Industria & Proveedores

CHILE DEBE OPTAR DE MANERA URGENTE EN UNA POLÍTICA NACIONAL DE FUNDICIÓN Y REFINO

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Por: Manuel Viera F./Presidente de la Cámara Minera de Chile

China comunicó oficialmente la suspensión de sus exportaciones de ácido sulfúrico a partir de mayo de 2026. La medida busca preservar el suministro interno durante la temporada alta de siembra, pero ocurre en un contexto crítico: la guerra en Medio Oriente ha interrumpido el flujo de azufre, insumo clave para su producción.  La minería chilena se vuelve vulnerable a una disrupción global que no controla. La señal que encendió el mercado fue la información publicada por Bloomberg sobre el freno que China aplicaría a sus exportaciones de ácido sulfúrico.

La restricción de ácido sulfúrico desde China pega directo al corazón de la minería chilena. Con esto se demuestra lo vulnerable que es al igual que su producción de cobre, ahora que Chile paró dos fundiciones y la Fundición de Potrerillos que colapsó dejando una gran cantidad de producción de ácido sulfúrico, capacidad de diseño de 1500 ton, la pregunta que me hago: ¿Chile resolverá el problema estratégico de aumentar la capacidad de fusión en el país? Ese es un dilema buridano que el nuevo gobierno deberá decidir y rápido. Mi opinión es que sí y aún más, ir a la industria manufacturera directa con el foco en las fundiciones, creo que China no es un socio confiable, no le basta con el monopolio de las tierras raras, y otros minerales críticos.

Con esta medida, China, está haciendo tambalear la producción de cobre de los principales productores como Chile y Perú. La estrategia China es que no solo es el fabricante del mundo, sino también el productor y compra de muchos minerales críticos. ¿Acaso eso no lo ven las distintas autoridades cuya dependencia tarde o temprano les pasará la cuenta? Ahora está en una integración vertical en todo el mundo.

Cifras Claves

Las cifras mandan y dan un panorama de lo que pasa con esta medida que afecta a nuestra minería. Para 2025 la demanda chilena bordearía 8,2 millones de toneladas, frente a una oferta local de apenas 5,1 millones, Es decir, un déficit de ~3,1 millones de toneladas.

Cada año la industria chilena compra más de un millón de toneladas de ácido sulfúrico a China, según información de Bloomberg. En 2023 la región de Antofagasta concentró el 81,6% del consumo nacional de ácido sulfúrico y debió importar 4,443 millones de toneladas. El valor CIF de las importaciones llegó en 2023 a US$466 millones, el nivel más alto de la última década. La lixiviación de minerales oxidados es responsable de cerca del 20% de la producción de cobre del país.

Cochilco proyectó que en 2025 la elaboración de ácido sulfúrico caería 2,5%. Para 2026 y 2028 se anticipa una disminución de un promedio anual de 3,4%. Entre 2029 y 2033 la producción de ácido se mantendrá estable en los 5,7 millones de toneladas, con lo cual la brecha con el consumo total se acrecentará. Existe la posibilidad de que Noracid salga del mercado y con ello se pierdan 660.000 toneladas de ácido sulfúrico.

¿Por qué China toma esta desición?

China ya no ve el ácido sulfúrico como un subproducto menor de sus fundiciones, sino como una palanca económica y estratégica. Tres factores convergen: prioridad para su industria agrícola interna, el estrecho de Ormuz parcialmente bloqueado (Medio Oriente representa cerca de un tercio del suministro global de azufre), y el uso del ácido como herramienta geopolítica similar a las tierras raras. Es decir, al igual que los minerales de tierras raras, el ácido pasa a ser una moneda de cambio en la guerra comercial. ¿Y cuál más?

Entonces es una nueva estrategia China para dominar el mundo mediante minerales críticos. Chile debe diversificar su cartera de exportación e importación de insumos críticos y venta de Cobre y litio, ya no es opción es obligación.

Impacto Operativo en Chile

Esto explica por qué la noticia no se interpreta en Chile como una molestia comercial, sino como una amenaza directa al corazón operativo del cobre lixiviado La prohibición podría extenderse durante todo 2026 según los reportes de Acuity, y las mineras nacionales deberán buscar alternativas en un mercado internacional tensionado por la misma escasez de materia prima. El gran Boom de Chile obedeció a la producción de cátodos de cobre vía óxidos y ahora la producción solo alcanza cerca del 20 % y bajando, esto trae como consecuencia que el país debe aumentar la exploración geológica con innovación para reponer los oxido y generar nuevos proyectos.

Según Cochilco, las importaciones chilenas provienen de Perú, China y Corea del Sur. Con China fuera, la presión sobre Perú como proveedor será enorme.

Para concluir puedo señalar que este episodio expone una vulnerabilidad estructural de la minería chilena. La dependencia de un insumo crítico importado, sumado al petróleo. La solución de fondo pasa por aumentar la capacidad de fundición nacional (como el proyecto Nueva Paipote de ENAMI, y generar un polo de desarrollo desde Argentina), diversificar proveedores y desarrollar contratos de largo plazo con productores no-chinos. Explorar nuevos yacimientos de azufre.

Chile debe optar de manera urgente en una política nacional de fundición y refino, y así dar el paso para industrializar el cobre.

«La suerte es el cruce de la oportunidad con la preparación.» — Séneca.

 


Columna de Opinión/ Manuel Viera F./Presidente de la Cámara Minera de Chile
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Noticia País

Día Internacional del Sueño: dormir bien, el pilar olvidado de la salud mental

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Por Jacquelin Hormazábal, académica de Psicología UNAB.

Hablar de salud mental es cada vez más común, sin embargo, raramente mencionamos algo tan básico como el dormir bién. Vivimos en una época donde descansar pareciera ser un lujo, y quedarse despierto/a hasta tarde trabajando o mirando el celular se celebra como un signo de compromiso y productividad. Desde la Psicología sabemos que un sueño reparador es uno de los pilares fundamentales para el bienestar emocional y mental. 

En el marco del Día Internacional del Sueño, que se conmemora un 13 de marzo, es prudente señalar que dormir bien no es solo “no estar cansado”, es un proceso biológico esencial en el que el cerebro limpia información innecesaria, organiza recuerdos y regula nuestras emociones.

Durante el sueño profundo, especialmente en sus fases REM y no REM, se activan mecanismos que depuran la información acumulada durante el día. Este procesamiento nocturno actúa como una especie de “higiene mental”, permitiéndonos integrar aprendizajes, gestionar el estrés y estabilizar el estado de ánimo. Las personas que duermen mal presentan mayor irritabilidad, dificultad para concentrarse y una menor tolerancia a la frustración, síntomas que, sostenidos en el tiempo, pueden abrir la puerta a trastornos afectivos y ansiosos.

Desde la terapia psicológica, también observamos cómo el insomnio puede ser tanto un síntoma como una causa. Las preocupaciones, el exceso de pensamiento rumiativo o una hiperactivación emocional suelen alterar el ciclo circadiano, pero, a su vez, la falta de descanso agrava la vulnerabilidad emocional, generando un círculo difícil de romper. 

Por ello, intervenir en los hábitos de sueño —a través de la psicoeducación, la higiene del sueño y la regulación emocional— constituye una herramienta terapéutica de primer orden.

Dormir bien no es solo cerrar los ojos. Implica establecer una rutina estable, desconectarse de pantallas, respetar nuestros ritmos internos y concederse el derecho a descansar sin culpa. En tiempos donde el cansancio se normaliza y la ansiedad se multiplica, reivindicar el sueño como acto de autocuidado es, paradójicamente, una forma de resistencia psicológica. Quizás la próxima revolución por la salud mental comience, simplemente, por volver a dormir bien.

 


Columna de Opinión/Jacquelin Hormazábal, académica de Psicología UNAB.
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Noticia Internacional

Una minería que transforma

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Por Cristián Quinzio, presidente del directorio de CESCO

El inicio de un nuevo año siempre invita a mirar el futuro con perspectiva. En el caso de la minería chilena, esa mirada no puede ser neutra ni complaciente: estamos frente a una industria que sigue siendo estratégica para el desarrollo del país, pero que enfrenta desafíos estructurales que exigen decisiones oportunas, visión de largo plazo y una conversación pública mejor informada.

Chile llega a este nuevo ciclo con fortalezas indiscutidas. Lideramos la producción mundial de cobre, contamos con décadas de experiencia minera, capacidades técnicas reconocidas a nivel internacional y un rol insustituible en la transición energética global. Sin embargo, ese liderazgo no es automático ni garantizado. Competimos en un escenario global cada vez más exigente, donde la inversión es móvil, los estándares ambientales y sociales son más altos, y la certeza regulatoria se ha vuelto un factor decisivo.

En este contexto, desde CESCO hemos insistido en la necesidad de pasar del diagnóstico a la acción. Las 21 Propuestas para una minería competitiva y sostenible, elaboradas a partir del diálogo con actores públicos y privados, buscan precisamente contribuir a ese tránsito. No se trata de un listado técnico ni de una agenda sectorial cerrada, sino de una hoja de ruta que aborda temas claves para el futuro de la minería chilena: el fortalecimiento institucional, una simplificación de los procesos de permisos, la atracción de inversión en exploración, el desarrollo de capital humano, la innovación tecnológica, la relación con los territorios y la inserción de Chile en las cadenas de valor globales.

Estas propuestas nacen de una convicción profunda. La minería puede y debe seguir siendo un motor de crecimiento económico, pero también un espacio de transformación productiva, social y ambiental. Una minería que genera valor no solo a partir de sus recursos naturales, sino también desde el conocimiento, la colaboración y la confianza.

El año que comienza se abre además bajo una nueva administración, lo que representa una oportunidad relevante para renovar acuerdos, alinear prioridades y avanzar en políticas públicas que otorguen señales claras al sector. El desafío es compartido, que es construir un marco que permita destrabar proyectos, acelerar inversiones y, al mismo tiempo, elevar los estándares de sostenibilidad y participación. La minería requiere reglas claras, instituciones sólidas y una visión país que entienda su rol estratégico en el desarrollo de Chile.

Desde CESCO seguiremos aportando evidencia, análisis y espacios de diálogo para enriquecer esta conversación. Nuestro compromiso es contribuir a una minería que no solo responda a las demandas del presente, sino que se prepare activamente para los desafíos del mañana.

Porque una minería que transforma es, en definitiva, una minería que piensa el futuro del país.

 


Fuente/ Cristián Quinzio, presidente del directorio de CESCO/CESCO
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